
Museo de Bellas Artes Lola Mora, Salta
Inauguración: viernes 8 de mayo 2026
Miguel E. Dávila (1926-2009)
Oriundo de la ciudad de La Rioja -Argentina- Inicia su formación académica en el Instituto Superior de Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Tucumán 1948- 1952 bajo la dirección de los maestros Lino E. Spilimbergo (pintura), Pompeyo Audivert (grabado) y Lajos Szalay (dibujo). En 1952 se traslada a Buenos Aires donde comienza su carrera como artista plástico. En 1958 La Municipalidad de la ciudad de La Rioja lo convoca como primer director del Museo Municipal de Bellas Artes hoy Museo Octavio de la Colina, cargo que desempeña hasta 1960. En 1961 obtiene la beca del Fondo Nacional de las Artes en la especialización de pintura para realizarla en París, viaja con Rómulo Macció, Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega, comparte taller con Ernesto Deira. Adhiere al movimiento Neo-Figuración. En 1963 regresa a Buenos
Aires donde se radica definitivamente. En 1964 obtiene el premio del Salón Municipal Manuel Belgrano, comienza a dictar clases, actividad que desarrolla hasta 1995. Realiza exposiciones en las galerías Van Riel, Art Gallery Internacional, Wildestein, Rubers, entre otras. Entre 1977 y 1982 alterna su residencia entre Madrid y Buenos Aires. En el año 1981 obtiene el Gran Premio de Honor del Salón Nacional de Pintura. Miguel Dávila ha transitado diversas etapas dentro de la plástica argentina, la Neo-Figuración, la figuración expresionista. Se debe destacar su manejo del color. Ha realizado tres murales de gran porte los que s encuentran en los edificios Natania I, II y III. Entre 1981 a 1985 realizó 16 cortometrajes en súper 8 dentro del cine experimental, el celuloide fue un nuevo soporte en su manifestación. Sus obras se encuentran en diferentes Museos y colecciones del país y del extranjero. El 14 de agosto de 2009 fallece a los 82 años.
A un siglo del nacimiento de Miguel Dávila (La Rioja, 1926 – Buenos Aires, 2009), el Museo de Bellas Artes Lola Mora presenta una muestra antológica que celebra sesenta años de producción ininterrumpida. Prescindiendo de un orden temporal , esta exhibición se despliega como un ensayo visual: un recorrido no cronológico donde las obras se agrupan a través de gestos, símbolos y atmósferas revisitados constantemente por el artista a lo largo de su carrera. Reúne obras tempranas de 1952 hasta las producidas en el año de su fallecimiento. Dávila fue un investigador inquieto de la imagen cuya formación se nutrió de maestros como Enrique Policastro, Lino Eneas Spilimbergo, Pompeyo Audivert y Lajos Szalay. Transitó la tensión gestual del informalismo, la violencia cromática del expresionismo y la fragmentación espacial de la nueva figuración manteniendo una distancia crítica sobre los “ismos”, usandolos como lenguajes disponibles y no como dogmas estéticos que limitaran su libertad creativa La exposición se organiza en cuatro núcleos: El retrato, la figura y la condición humana como territorios. Desde sus ejercicios académicos iniciales hasta sus búsquedas más audaces, la figura aparece como un centro de experimentación donde la forma se desdibuja o se deforma en favor de la composición. Aquí, el cuerpo no es sólo representación, sino el pretexto para hallar nuevas soluciones estéticas. El mito y la fantasía como herramientas fundamentales para comentar su época y explorar estadios emocionales profundos. La obra se vuelve aquí un relato cargado de simbologías, donde la realidad se filtra a través de la subjetividad y el misterio. La mirada crítica sobre la ciudad, un escenario socialmente complejo, metafísico y amenazante que se despliega en obras de gran formato desdibujando el límite entre presentación y representación. Los paisajes de su Rioja natal y de otras geografías que se manifiestan desde la añoranza; el color toma el protagonismo absoluto para reconstruir una memoria afectiva de los lugares a los que volvió sin necesidad de trasladarse. A través de estos cuatro actos, la exposición revela a un Dávila inabarcable, cuya mayor lealtad no fue hacia un estilo, sino hacia la pintura y a la búsqueda de una verdad propia.
Joaquin Rodriguez








